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miércoles, 3 de marzo de 2021
De la literacidad como proceso
Salvador Mora Velázquez
Las prácticas sociales son determinantes para reconocer las formas de la lectura y la escritura que se asocian con prácticas más ampliadas. Por ejemplo, leer un cuento, un tipo de lectura que apela a un sentido emotivo, se puede desarrollar en pareja en un círculo familiar o de amistad en el que en el ejercicio de compartir se trata de incidir sobre el escucha. De esta manera se está ante la construcción particular de la realidad, por el que la lectura sólo cobra sentido en el contexto descrito. Lo mismo ocurre cuando leemos las instrucciones de una receta, las cuales se leen no para decodificar si no para establecer una serie de acciones específicas en el entorno de la casa y/o el aprendizaje.
La forma de leer implica comprensión, leer y releer las instrucciones para el uso de un electrodoméstico o, incluso, las preguntas que se desprendan de la lectura en pareja o con varias personas de un cuento. En este caso el emisor establecerá el sentido y fin de la misma lectura. Las probables correcciones o énfasis que pretenda manifestar el lector se pondrán a prueba en el escucha o escuchas. Es así que no sólo pretendemos depositar una idea en la audiencia, sino que además tratamos de generar un uso de la lectura que no sólo refiere a una práctica letrada coherente y que podríamos definir como la literacidad en familia; literacidad académica o literacidad informativa.
Es necesario reconocer que si bien hay una pluralidad de literacidades donde es manifiesta la especificidad de cada una de ellas en el modo o el uso de la lectura y la escritura, también es cierto que es una clasificación netamente metodológica, pues hay que advertir que “...las prácticas letradas a una situación suelen migrar a otros contextos y reescribirse desde nuevos ámbitos...”
Antes de proseguir conviene considerar una mínima definición y una delimitación de la literacidad como una acción que determina un sentido so- cial de la lectura y la escritura. Pues al leer y escribir tenemos un trasfondo, leo para saber del funcionamiento de un electrodoméstico, leo una receta para preparar alimentos, leo para armar un aparato o instrumento, leo para resolver un crucigrama, leo el periódico para informarme, o escribo un desplegado para manifestar mi rechazo o aceptación a una causa, escribo una carta de amor para mostrar un sentimiento.
En esta suma de acciones de lectura y escritura, estas dos actividades no son un fin en sí mismo, por el contrario, permiten acciones que subrayan el uso de ambas actividades.
Por tanto, podemos señalar que la literacidad se define como:
...todos los conocimientos y actitudes necesarios para el uso eficaz en una comunidad de los géneros escritos. En concreto, abarca el manejo del coìdigo y de los geìneros escritos, el conocimiento de la funcioìn del discurso y de los roles que asumen el lector y el autor, los valores sociales asociados con las praìcticas discursivas correspondientes, las formas de pensamiento que se han desarrollado con ellas, etc.
Como hemos referido podemos reconocer múltiples literacidades, Daniel Cassany o Virginia Zavala reconocen multiliteracidad o biliteracidad, que obligan a describir sus atributos específicos; por ejemplo es de nuestro interés atender la literacidad informativa que, en un contexto global, ha sido rebasado el espacio de la biblioteca o del libro mismo, para situarse en espacios como son el uso y búsqueda de información en la red.
Sin embargo, es muy importante tener cuidado en considerar la acriticidad que el usuario de la internet muestra ante este medio, pues evita evaluar y advertir que no toda información cumple estándares que el medio impreso trataba de cuidar, sobre todo en el medio académico, bajo los mecanismos de evaluación a los que se somete un producto editorial.
Antes de continuar tenemos que saber qué entendemos por literacidad. Un punto de partida mínimo que nos sitúe ante un problema que se incre- menta con la internet, y propiamente por literacidad informativa la cual se define como aquella “... capacidad de buscar, encontrar, evaluar y manejar datos en una biblioteca electroìnica tan descomunal como Internet.” Con esta sencilla definición no queremos simplificar este concepto sino, incrementar nuestra compleja relación entre el usuario y la información. Asimismo, queremos ofrecer dos atributos fundamentales para navegar con criterio en la red y con ello, obtener información lo más creíble posible.
Algo importante es que no podemos omitir que la credibilidad es un rasgo básico para todo documento, sobre todo si es académico, por eso requerimos que el material buscado en ese marasmo de información, donde conviven documentos de alta calidad, junto a información inverosímil o banal, por eso, del material obtenido de la red se busca se apegue a las normas de calidad de un texto impreso.
Surfear en la red con resultados óptimos en la búsqueda de información demanda credibilidad, la cual se compone de fiabilidad (la cual es producida por la confianza que deviene como un atributo que despliega la página, por- tal, medio que aloja o respalda. En suma estamos hablando de la intencionalidad y veracidad de la fuente que nos proporciona la información). El otro elemento necesario es la competencia, referida como la capacidad para desarrollar o dotar de un atributo a algo o alguien. Para nuestro trabajo entendemos que el atributo de competencia se asocia con la verificabilidad o experiencia que provee el ejercicio de la fundamentación de la información generada.
De esta manera estamos frente a un reto, pues hay un analfabetismo o déficit de criterios para evaluar la calidad de la información que se encuentra en la red; se vuelve contradictorio este momento, pues a mayor información menores filtros o criterios tenemos para ordenar, jerarquizar con el objetivo de contruir nuestra propia información.
A pesar de lo anterior, no deja de ser efectivo considerar que toda información guarda valores intrínsecos, que no son proporcionados de manera impresa o digital. Leer críticamente implica dejar de suponer una serie de omisiones que pueden costar caro si no tenemos la capacidad para discernir con pertinencia los criterios de confiabilidad, a saber: competencia y fiabilidad. En suma esos valores intrínsecos enmarcan el texto en supuestos que como garantías permiten confiar en la calidad del producto.
a)Todo documento mantiene un sesgo o se circunscribe a una perspectiva específica por lo que no existe una neutralidad o falta de compromiso. Todo escrito trata de convencernos de algo.
b)Todo documento es un producto en el que hay una evaluación o prueba que expone a las ideas a un protocolo de búsqueda de evidencias que fundamenten lo expuesto para ser aceptado o rechazado.
Por tanto, un atributo explícito en todo texto producido es que responde a un contexto geográfico, histórico; tenemos que considerar que responde a una perspectiva específica. La dimensión social del texto implica que reconozcamos que hay en su creación una perspectiva que la determina, es decir, “... los discursos culturales, las ideologías políticas y los intereses económicos se transmiten, transforman y pueden ser desafiados.”
Por eso, pensar en el estudiante implica colocarlo en el centro de la construcción de su propio conocimiento, a partir de un ejercicio cooperativo y corresponsable en el que alentemos el desarrollo de capacidades para impulsar una persona crítica, es decir que sea capaz de:
... Comprende[r] autónomamente el propósito lingüístico, las intenciones pragmáticas y los puntos de vista particulares que subyacen a los discursos que le rodean;
toma[r] conciencia del contexto (contenido cognitivo, género discursivo, comunidad de hablantes, etc.) desde el que se han elaborado dichos discursos;
[...] construir discursos alternativos, que defiendan sus posiciones personales y que se vinculan polifónicamente o intertextualmente con los anteriores;
utiliza[r] todos los recursos linguiìsticos disponibles para conseguir representar discursivamente sus opiniones a traveìs de esos segundos discursos.
El propio Cassany advierte de este nuevo momento que considera complejo, pues el usuario ocupa un nuevo rol, el “prosumidor”, es decir productor y consumidor son una misma persona. Incluso podemos forzar más la idea y señalar un creador de contenido no debe ir a la búsqueda de un editor fuera de casa, hoy hay una multiplicidad de medios que permiten la difusión, ya sea twitter, facebook, blogspot, podcast. Todas ellas son herramientas útiles que permiten que la lectura del producto creado se distribuya, cumpliéndose así un nuevo momento para lectura, hay mayores canales para la socialización del texto leído. Al mismo tiempo, como lo hemos mencionado y, quien conozca un poco de las herramientas tecnológicas, el uso de podcast, de teléfonos inteligentes ofrecen una variabilidad anteriormente sometida a la privacidad de clubes de lectura, lecturas colectivas a manera de homenajes que permitieron que el ejercicio de leer recobrara su sentido de oralidad.
El momento pos Gutenberg está frente a nosotros, como un vuelco que acelera las novedosas formas en que los lectores recientes se pueden acercar a un autor o texto. El audio es parte de un nuevo momento que recrea y es una herramienta utilísima en el aula para construir repositorios, que están al alcance de todos, donde la lectura en voz alta se recrea como un ejercicio escolar que solventa la gana, apatía, ¿por qué no?, la falta de tiempo para realizar una lectura a pesar de que se haga en una tablet o frente a la pantalla de la computadora o teléfono inteligente. Hoy la lectura es posible en cualquier espacio donde, con sólo oprimir play se desencadena una narración sonora que puede ser escuchada ya sea por altavoces o en la privacidad que permite el uso de auriculares portátiles.
De esta manera podemos señalar que, si bien la internet apertura un campo de oportunidad para socializar y al mismo tiempo, intercambiar puntos de vista, construir repositorios de audio y video, también nos expone a retos y necesarias estrategias para localizar, evaluar y usar la información. Sin em- bargo, hay que ampliar nuestra mira y complementar las competencias o habilidades resumidas en tres acciones básicas para posicionarse en actividades concretas que el aula debe atender,
... 1) alfabetización en herramientas –conocimiento y uso de las herramientas dentro de las tecnologías de la información, incluyendo el hardware, el software, y los programas de multimedia;
2) alfabetización en recursos –conocimiento de las formas y métodos de acceso a los recursos informacionales, especialmente los que están en red;
3) alfabetización investigadora –uso de las herramientas de T I para la investigación y el trabajo académico;
4) alfabetización para la publicación –habilidad para difundir y publicar información...
Podemos advertir una configuración de habilidades y competencias que definirían una literalidad tecnológica o electrónica, que se adiciona a otros tipos de literacidades que corresponden a la clasificación de los géneros narrativos. Desde el aula en la mayoría de ocasiones estamos condicionados a dotar al alumno de competencias y herramientas, para la comprensión, interpretación y creación de textos científicos. Sin embargo, a pesar de esta coerción podemos considerar que la literacidad es:
... la suma de un proceso psicológico que utiliza unidades linguiìsticas, en forma de producto social y cultural. Cada texto es la invencioìn social e histoìrica de un grupo humano y adopta formas diferentes en cada momento y lugar, las cuales tambieìn evolucionan al mismo tiempo que la comunidad. Aprendemos a usar un texto participando en los contextos en que se usa...
De lo anterior podemos desprender que, apelar a la existencia de una literacidad académica implica dar cuenta de la adquisición de una capacidad que como principio y fin último no se puede omitir o suponer que todo alumno cuenta, pues leer críticamente implica discernir, desarrollar capacidad reflexiva y capacidad para hacer uso de la información seleccionada.
Por lo anterior, podemos afirmar que la literacidad académica más que una definición debemos describirla como un proceso que permite “... desarrollar la capacidad de evaluar la información mediante la lectura crítica y crear nueva información mediante las técnicas de investigación.”
Sin hacer de lado la responsabilidad del conocimiento, la formación académica de los estudiantes nos obliga a valorar qué conocimientos produce y reproduce y cómo son adquiridos, incluso a partir de lo descrito en el contexto de la internet no deja de ser relevante cómo se establece la difusión.
De lo anterior se desprende una serie de valores que en y para el estudiante describen su papel en la creación de conocimiento. Asumir una actitud crítica permite habilitar prácticas de autorregulación que posibilitan la evaluación, corrección, modificación de aquellos elementos que arrojan equilibrios que abran un futuro que trascienda los dos elementos centrales de la educación: formación y producción de conocimientos.
Lo que todo administrador público debería saber
Tanit Carolina Borja
Tomando en consideración los señalamientos de algunos egresados de la licenciatura que actualmente se desempeñan como servidores públicos, se puede discernir que dentro del cúmulo de conocimientos que los estudiantes de nuestra licenciatura deberían saber, de manera general y para contar con los mínimos elementos para el ejercicio de la profesión, se encuentran, aquellos relacionados a los fines del Estado que se establecen en la Constitución Política que son los mecanismos de acción habituales para atender los objetivos del gobierno, como las políticas públicas, los planes, programas, y su marco jurídico de acción, la racionalidad de los actores que intervienen en y para el cumplimiento de los estos objetivos, la administración de los recursos, el acceso a la información, la transparencia y rendición de cuentas, así como los efectos (costos) e implicaciones en los procedimientos y operaciones de la decisiones de los actores.
En resumen, efectuar los fines estatales-gubernamentales, la organización de las acciones, el uso de los recursos materiales y medios, la medición de resultados, el recurso tecnológico, la eficiencia y eficacia en el manejo de lo público está estrictamente encaminado a la satisfacción de las necesidades de la sociedad y a la articulación del poder con diferentes actores dentro del sistema político.
Desde luego que también es fundamental que el estudio de la administración pública contemporánea sea estimado a la luz de los acontecimientos actuales que intervienen de manera terminante en su función y operación, por lo que es indispensable que los estudiosos de la administración pública tomen en cuenta nuevas perspectivas que revaloren tanto el carácter teórico como la praxis, manteniendo una actitud crítica y reflexiva para desarrollar conocimientos que faciliten el entendimiento de su sentido social, político y administrativo.
Estas perspectivas consisten en reflexionar acerca de la rigidez y en ocasiones la desvirtuada relación entre objetivos y acciones del ejercicio actual de la administración pública y dar paso a la flexibilización, revalorización de la función del servidor público, el combate a la corrupción, la creatividad, innovación, y modernización. La administración pública siempre refleja la capacidad del Estado para gobernar atendiendo las permanentes, cambiantes y complejas demandas sociales, su desafío es precisamente el desarrollo de esas capacidades nunca de manera unilateral, siempre con el acompañamiento de los ciudadanos.
El cambio propio de la complejidad social, es quizá el más importante de los desafíos de la administración pública y por ende de quienes formamos parte de ella, pero adaptarnos a ese cambio siempre será la clave para la estabilidad política, debemos ser capaces de modificar paradigmas para convertimos en agentes de cambio en beneficio de todas y todos.
No debemos restar importancia al hecho de que la administración pública como administración de la sociedad refleja las circunstancias por las que atraviesan los gobiernos en turno, las condiciones económicas locales e internacionales, los problemas coyunturales, las agendas de los poderes fácticos y la propia evolución social, lo que la sitúa en un papel estratégico y determina su función como trascendental, por lo que el estudio de esta ciencia debe desarrollarse con alcances renovadores en constante actualización, y ser lo suficientemente flexible para ajustarse a los cambios persistentes en la sociedad.
Por otra parte, la estructura teórico-metodológica de la administración pública no puede ser entendida bajo la lógica de la administración de empresas, ni tampoco debe ser vista como antagónica a ésta, pues a la primera, la legitiman los fines del Estado y las acciones del gobierno en un ámbito altamente complejo debido a su referente social; mientras que la segunda, se ciñe en exclusiva a la lógica de la organización empresarial que a partir de fines específicos traza los medios para su cumplimiento, sus normas organizativas y distribución de funciones, todo ello, acompañado de herramientas técnicas, y principios de eficiencia y eficacia. Lo anterior, obliga a que esta ciencia, continúe su evolución más allá del enfoque administrativo, orientada a crear y desarrollar las condiciones que faciliten el aprovechamiento de los recursos, tomando en cuenta las necesidades sociales.
Los especialistas de la administración pública, señalan que los referentes tanto conceptuales como empíricos que revaloran su contenido científico y disciplinario están vinculados al análisis de sociedades abiertas con ciudadanos más participativos y contestatarios, al replanteamiento de las políticas públicas como herramienta para generar soluciones de atención de necesidades, procesos redistributivos, desarrollo de la corresponsabilidad y rendición de cuentas, la gestión de lo público, la habilitación de las capacidades de gobernar bajo los principios de la democracia y la implementación de valores cívicos esenciales para la convivencia armónica de la sociedad.
Asimismo, repensar la administración pública supone contemplarla como un sistema institucional abierto e incluyente, en donde tienen cabida organizaciones de diversa índole promueve la autogestión, la cooperación so- cial y revitaliza lo público con un enfoque de descentralizado de política y administración. Sin duda lo más relevante, en la construcción de estos nuevos referentes es el sentido ético y cívico de las relaciones entre sociedad y gobierno, sin dejar de lado una revisión profunda de lo público y el interés común.
Es así que el necesario replanteamiento del estudio y la enseñanza de la administración pública, debe ser congruente con las necesidades y transformaciones de la sociedad, conservando en todo momento su capacidad analítica e interpretativa para estar en las mejores condiciones de incrementar su capacidad de respuesta.
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